YO
Esta soy yo, bueno, más o menos soy yo, pero yo no soy un dibujo ni tengo esas superpestañas. Aparte, bueno, sí tengo un gato negro, pero no es tan peludo. Dicen que es un gato común negro y, bueno, yo pienso que lo común a veces es mejor que lo raro. Justo por no ser común me cambio de colegio.
EL COLEGIO
De toda la vida he ido a un colegio, pero hace tiempo me cambiaron y me llevaron a otro. Yo nunca he caído del todo bien a la gente y, aunque las cosas empezaron bien en este nuevo colegio, acabaron fatal.
Yo siempre he querido ser como las chicas "popus", las que caen bien. Y bueno, ¿quién no quiere caer bien?
En primero de la ESO me empecé a juntar con dos niñas. Ellas no se llevaban con la clase. Me caían bien, pero siempre estábamos solas y no me lo pasaba especialmente bien. Eran las típicas que se apartaban de la clase, aunque ahora que lo pienso, quizá yo debería haber hecho lo mismo.
Ya en segundo de la ESO empecé a juntarme con unas chicas que eran majísimas y me caían muy bien. Todo iba bastante bien, pero el problema comenzó a finales de tercero de la ESO. Ese año había entrado gente nueva al colegio, varios chicos. Uno de ellos en especial parecía muy majo, pero solo lo parecía.
Empecé a llevarme bien con él hasta el punto de que me gustó de verdad. El problema fue cuando descubrí quién era realmente. Quiero pensar que solo me utilizó hasta que consiguió lo que quería: llevarse bien con la clase. Desde ese momento decidió que yo ya no le caía bien y empezó a meterse conmigo constantemente.
Eso hizo que me sintiera tonta, porque una de las cosas que peor se me da es defenderme. Poco a poco mi "reputación" en la clase fue cayendo. El curso terminó y yo pensaba que todo había acabado, que el año siguiente sería mejor y que no volvería a pasar.
Me equivocaba.
Todo empeoró. Ese chico criticaba cualquier cosa que hacía. Tenía muchos insultos que, la verdad, dolían bastante y no me hacían nada feliz.
Por esas fechas también empecé a tener problemas con mi grupo de amigas. Ellas comenzaron a fumar, beber y hacer cosas que a mí no me gustaban. Fumaban en los patios y yo me sentía incómoda. Poco a poco me fui alejando de ellas y terminé juntándome con otro grupo en el que realmente no encajaba.
Ese grupo estaba formado por una chica nueva que había llegado ese año, dos chicas que llevaban toda la vida en el colegio, una que había llegado cuando yo y otras que eran de cuarto de la ESO. Yo no encajaba muy bien allí. Siempre sentía que era la excluida.
Después de todo lo que estaba pasando, y con ese chico y sus amigos insultándome constantemente, yo no era precisamente alguien popular. Además, nunca he sido la típica chica que sale perfecta en las fotos, tiene miles de seguidores o parece encajar con todo el mundo.
Al cabo de un tiempo me cansé. Me cansé mucho de todo lo que estaba pasando. No encajaba en ningún sitio y lo único que recibía eran insultos. Empecé a llorar con frecuencia y a no querer ir al colegio.
Mis padres se dieron cuenta de que algo iba mal. Finalmente echaron a ese chico del colegio y cualquiera podría pensar que ahí terminó todo.
Pero no.
Mi "reputación" en la escuela estaba por los suelos. Era como si todo el mundo me mirara mal. Ese chico había conseguido que mucha gente tuviera una mala imagen de mí. Además, sus amigos seguían riéndose, insultándome y diciendo cosas que dolían bastante.
Lo bueno es que no me rendí.
Poco a poco las cosas fueron mejorando. Conseguí hacer un grupo de amigas y, aunque seguía sintiéndome un poco rara y diferente, me sentía más integrada que antes. Los insultos seguían existiendo, pero fui a la psicóloga porque estaba muy mal. Creo que incluso llegué a estar un poco deprimida.
La psicóloga me dijo que intentara ignorarlos y, durante un tiempo, las cosas fueron bastante mejor.
O eso creía.
Los insultos volvieron, y esta vez con más odio y mucho peores. Al parecer, una chica que nunca me había caído mal y a la que yo jamás había hecho nada dio mi cuenta de Instagram, mi contraseña y permitió que otras personas entraran.
Mucha gente pudo acceder a conversaciones privadas. A partir de ahí comenzaron nuevos insultos relacionados con esas conversaciones. Eran comentarios llenos de odio y me dolían muchísimo.
No sabía qué hacer. Lo único que quería era desaparecer.
Mis padres querían denunciarlo, pero no teníamos suficientes pruebas físicas y no pudimos hacerlo.
Ahora estoy en mi habitación. Hoy es el cuarto día que no voy al colegio desde que pasó todo lo de Instagram. Mis padres han aceptado cambiarme de colegio porque la ansiedad ya es demasiado fuerte y no puedo seguir así.
Tengo muchísima ansiedad.
Y ahora mismo, lo único que me tranquiliza es escribir.